NAVALASA & EL QUINTANAR DE EL ESPINAR

Nuestra raza ganadera procede de nuestros abuelos; María y Máximo, que comenzaron con unas vacas de leche en una pequeña vaquería suministrando leche a los vecinos de San Rafael, Segovia. Su esfuerzo tenía un claro destino; sus hijos Cármen y Antonio, consiguiendo así que Antonio, nuestro padre, pudiera convertirse en aquella época en un universitario – veterinario. Juntos, con el esfuerzo de nuestros abuelos y la inteligencia y preparación de nuestro padre, consiguieron ir aumentando el negocio familiar, logrando “exportar” la leche de las vacas a Madrid. 

Con ello fueron introduciendo ganado de carne con la compra de unas vacas avileñas, alquilando y comprando terreno para el mantenimiento y crecimiento de la ganadería.

Antonio Vázquez Aparicio, nuestro padre, fue uno de los primeros ganaderos en incorporar la RAZA CHAROLESA a su explotación, tanto para el cruce con la RAZA AVILEÑA como para la venta de sementales.

Hoy, la ganadería charolesa que en su día el fundo, se encuentra entre las cinco ganaderías mas antiguas de la Asociación de Criadores de Ganado Charolés. El sentía la misma necesidad que nuestros abuelos; proporcionarnos una educación universitaria, pero sin olvidarnos de nuestra tradición y orígenes en el mundo de la ganadería.

Nos enseñó a cómo querer el campo, cómo amar a los animales, y a comprender que en algún momento podría llegar a ser una actividad prioritaria para nosotros.

 

Hoy, tras su marcha hace ya trece años, sus hijos Fernando y Rafael, continuamos con la ilusión que nos impregno nuestro padre y con el mismo objetivo; la mejora de las explotaciones ganaderas, el disfrute del campo, de la tierra y de sus orígenes, para así poder transmitírselo a nuestros hijos, quienes también se han involucrado activamente en “este mundo” aportando sus conocimientos en esta nueva era tecnológica, pero sobre todo entendiendo y amando la tierra, nuestras raíces y la ganadería.

Nuestro negocio es un negocio tradicional gracias a la intervención de nuestros ascendientes, pero también es un negocio moderno, puntero y actual por la participación de nuestros hijos, la nueva generación que lograra modernizar el campo y el desarrollo rural.

Esta larga experiencia no es sinónimo de vejez ni de anclaje en tiempos del pasado, todo lo contrario, es una garantía de experiencia de transmisión de ideas en la crianza de nuestra cabaña ganadera, de continua mejora y de ratificación de que nuestras razas (Avileña y Cherolesa) son, de manera individualizada y del cruce de ambas, las que mejor resultado otorgan a la satisfacción del consumidor final del producto cárnico.

ARROYO DE CIRIZA

La historia ganadera de Juan Carlos Ciriza, nieto de ganadero e hijo de ganadero, se remite al año 1990, cuando se realizó la compra de tres novillas de pura RAZA CHAROLESA a Don Antonio Vázquez, ganadero y con domicilio en El Espinar.

Con el paso del tiempo, la ganadería fue creciendo con animales de pura raza charolesa procedentes de otros ganaderos, como era el caso de Don Eladío Galindo ganadero de Cáceres. Y así, poco a poco, se fue creando lo que a día de hoy es mi pasión.

En el año 2000, se funda lo que actualmente se conoce como Ganaderia Arroyo de Ciriza SC, a la que se unió mi compañero de infancia, escudero y protector; Victor José Arroyo, al que muy cariñosamente llamo “El Patas”. Victor es otro enamorado de la raza charolesa, para la cual vive con total dedicación.

Posteriormente, en el año 2019, llegó a  mis manos parte de la ganadería de mi abuelo, Manuel Colmenarejo de la Morena, la cual también estaba compuesta por vacas charolesas. Quien se encargaba de ella sin embargo, era mi tío Manuel Colmenarejo Ariza, quien en pleno acto de confianza y generosidad me la cedió para seguir la continuidad de la estirpe ganadera.

De este modo el amor y dedicación por la raza charolesa, se lleva en las venas, lo que nos hace ganaderos soñadores con grandes miras a conseguir los mejores animales de esta raza, tratando de mejorar y perfeccionar la genética y morfología de nuestros ejemplares.

Los tiempos han cambiado, ya no se hacen las cosas como antes… Nada tiene que ver el cómo se hacía la compraventa de un novillo hace 40 años a cómo se hace ahora. No cabe duda que nuestra generación aporta una sabiduría a la siguiente, pero es cierto que las próximas generaciones han nacido con nociones sobre la tecnología sin las que no podemos sobrevivir.

Es por eso por lo que con nuestro proyecto queremos posicionar las razas avileña y charolesa en la posición de mercado correspondiente, ayudándonos de nuestros sucesores y aplicando las enseñanzas de nuestros antecesores. 

Esta larga experiencia no es sinónimo de vejez ni de anclaje en tiempos del pasado, todo lo contrario, es una garantía de experiencia de transmisión de ideas en la crianza de nuestra cabaña ganadera, de continua mejora y de ratificación de que nuestras razas (Avileña y Charolesa) son, de manera individualizada y del cruce de ambas, las que mejor resultado otorgan a la satisfacción del consumidor final del producto cárnico.